Cómo cambio mi empresa de nuevo.

Hace unos años pensaba que el crecimiento de una empresa dependía principalmente del trabajo, del esfuerzo y de la experiencia acumulada.

Hoy creo que el verdadero cambio empieza mucho antes: en la mentalidad.

En los últimos años he dedicado muchas horas a formarme, a escuchar a empresarios, consultores, formadores y profesionales que ya habían recorrido caminos que yo todavía estaba intentando entender.

Y sigo haciéndolo.

Y no lo dejaré de hacer nunca.

He descubierto algo sencillo pero incómodo: para evolucionar hay que aceptar que no lo sabemos todo.

La experiencia es valiosa, pero también puede convertirse en una cárcel cuando creemos que ya tenemos todas las respuestas.

Por eso la formación no consiste solo en adquirir conocimientos. Consiste en cambiar el prisma desde el que observamos nuestra empresa. En aprender a verla desde arriba.

Entender que el mercado cambia, los equipos cambian, los clientes cambian… y que nosotros también debemos hacerlo.

Pero antes de cualquier transformación hay una decisión. Una decisión firme, sin excusas, de que las cosas no van a seguir haciéndose igual.

Mi apreciado Antonio Olombrada suele decir que, cada cierto tiempo, hay que destruir el 80% de lo que hacemos para maximizar el 20% que realmente funciona.

Es una idea dura.

Pero también profundamente liberadora.

Porque reinventarse no es renunciar a lo construido.

Es tener el coraje de conservar lo mejor y la humildad de cuestionar todo lo demás.

Ese es, precisamente, el camino que estoy recorriendo ahora.

Y lo quiero contar aquí, paso a paso, porque quizá a alguien le sirva para recorrer su propio camino.

¿Cuál ha sido el aprendizaje que más ha cambiado vuestra forma de dirigir una empresa o un equipo?

Deja un comentario